La cicatriz y el megáfono

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Estoy contenta.

Y lo digo bajito, como quien sostiene un pájaro entre las manos para que no se asuste. Después de que me extirparan el tumor del pecho, los médicos han dicho que no se ha extendido. Que no ha decidido mudarse a ningún otro rincón de mi cuerpo. No habrá quimioterapia. Solo radioterapia. Solo hormonoterapia. “Solo”, dicen ellos, como si el cuerpo no entendiera de adverbios.

Mi cuerpo, que hasta hace poco era una casa confiable, se convirtió de pronto en un mapa lleno de sospechas. Aprendí a mirarlo como quien observa una ciudad después del terremoto: buscando grietas, contando ausencias. Y, sin embargo, aquí estoy. Con una cicatriz que no es una herida sino una puerta.

Hace unos días asistí junto a mi amiga y familia Nekane a una jornada.  No encuentro otra palabra mejor para definirla que la que utilizó Cristina Fallarás: estratosférica. La acción con Nevenka Fernández, Lina Sanabria, Vicky Rosell y Cristina Fallarás fue algo más que una mesa redonda: fue una constelación alineándose sobre nuestras cabezas.

Se habló de violencia laboral. Pero no como quien recita estadísticas. Se habló desde la propia experiencia y de lo que ocurre después. Porque la violencia no termina cuando termina el acto. Como apuntó Vicky. La  violencia laboral no te rompe un día:  te fractura la biografía. Te cambia la postura. La forma de entrar en una habitación. La manera de decir tu propio nombre.

Nos destroza la vida. No solo el momento en que sucede, sino la vida entera. La confianza, el futuro imaginado, la narrativa que habíamos construido sobre nosotras mismas. Y, sin embargo, ocurrió algo extraordinario. Nos sentamos a compartirlo. Y al hacerlo, algo cambió de lugar.

Romper la soledad es el primer acto de justicia. Porque la violencia necesita silencio para sobrevivir. Necesita pasillos vacíos. Necesita mujeres aisladas creyendo que exageran. Durante años nos enseñaron a aguantar. A dudar de nuestra propia versión. A bajar la voz para no incomodar. “ Calladita estás más guapa”. A competir entre nosotras por un espacio mínimo en una mesa que nunca fue nuestra.

Nos dejaron sin micrófono y nos convencieron de que no teníamos nada que decir.

Pero ahora nos estamos encontrando. Y cuando una mujer habla, la otra reconoce el eco. Y cuando dos se reconocen, la historia empieza a cambiar de dirección.

Este 8 de marzo no quiero hablar solo de igualdad como una palabra abstracta, pulida y cómoda. Quiero hablar de impulso. Porque para alcanzar la igualdad no basta con caminar. Ahora nos toca coger carrerilla.

Coger carrerilla implica memoria. Implica rabia transformada en músculo. Implica mirarnos sin miedo y decir: no estás sola.

Yo no lo estoy. Ni con mi cicatriz. Ni con mi historia. Ni con mis compañeras de mesa.

Mi cuerpo ha aprendido que se puede extirpar lo que amenaza la vida. Quizá como sociedad también estemos empezando a hacerlo. Somos feministas con corazón de paz, como dijo Nevenka. Y si algo he entendido estas semanas es que sobrevivir no es quedarse quieta. Es avanzar con más conciencia.

Hoy celebro que el tumor no se extendió. Y celebro también que nuestra voz sí lo esté haciendo. Porque cuando una mujer recupera su voz, ya no hay bisturí que la detenga.

 

 

 

 

 

14 respuestas

  1. Me ha gustado mucho el relato de Cristina, porque transmite mensajes muy claros y directos, expresados de forma muy poética, y por tanto con mucha belleza, a pesar de lo durísimo que es el tema que trata: la violencia laboral y el tumor en el cuerpo. En ambos casos plantea la lucha como respuesta, avanzar con más conciencia, poniendo voz y nombre a lo que lesiona tanto el cuerpo como la dignidad de la persona, extirpándolo, tanto de uno mismo, como de la sociedad. Erradicar la violencia machista de la sociedad en todos los ámbitos debería ser una tarea urgente de la misma forma que extirpar un tumor del cuerpo.

  2. Muy bien describe Cristina la soledad, el miedo ante la violencia de cualquier tipo y en cualquier ámbito que continúa existiendo en nuestra sociedad. Importante es la unión, la escucha y el reconocer es violencia. Camino difícil pero siempre hacia adelante.

    1. ¡¡¡Yolanda!!! Qué alegría saber de ti ! ❤️

      Gracias por tu maravilla de palabras.
      Recuerdo de pequeña esos paseos contigo por la Avenida de Moratalaz
      Un abrazo muy grande

  3. Que maravilla tú positivismo, tú residencia.
    En estos momentos difíciles de avance del
    fascismo, las mujeres tenemos que estar
    Juntas y dando un paso a adelante.
    Un abrazo grande

  4. Que maravilla tú positivismo, tú residencia.
    En estos momentos difíciles de avance del
    fascismo, las mujeres tenemos que estar
    Juntas y dando un paso a adelante.
    Un abrazo grande

  5. Cristina, me parece un relato potente, valiente y comprometido que utiliza una metáfora inteligente para concienciar de las violencias de genero laborales. Desde luego, sobrevivir implica una existencia mínima, a veces congelada o en piloto automático. Todo lo contrario de las vivencias que describes y que suponen decisiones activas aunque duelan e impliquen riesgo. Enhorabuena por tu compromiso, por tu capacidad de expresarlo y por tu valentía!!!

    1. Hermanaaaa, mil gracias por tus palabras . Y enhorabuena también a ti por aguantarme.. que sé que no es poco.

      Abrazo enorme ❤️

  6. Además de leerte, el hecho de escucharte cuando hablaste en público sobre la violencia en el trabajo me avisó que la postura tibia de felicitar a las mujeres no es más que una comodidad.
    Me quedo con tu frase: romper la soledad es el primer acto de justicia y como dice la canción, somos muchas y estamos cerca, las mujeres.

  7. El texto me ha hecho pensar mucho en la fuerza que necesitamos para enfrentar las batallas que no elegimos.
    ​Hay una conexión muy fuerte entre la violencia en el mundo laboral y la lucha contra un tumor. Ambas cosas intentan invadirte, quitarte tu paz y exigen cada gota de tu energía. Y también sanar de ambas cosas exige lo mismo: valentía para hablar, mucha empatía con una misma y el coraje de sanar la herida para volver a brillar. Gracias por el texto, activar los pensamientos y intercambiar las reflexiones.

    1. Querida Grit,

      No sabes la alegría que me da leerte. Saber que eres de una generación posterior a la mía y que seguís avanzando. Y como bien dices, intercambiando pensamientos, reflexiones etc…

      Un verdadero regalo

      Mil gracias

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