El poder de la ficción

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Hace unas semanas, Bea, compañera de La Voz Interior, y responsable de redes, me sugirió que escribiera un artículo sobre la novela, sobre cómo nació la idea.  Desde entonces he dado muchas vueltas a su propuesta, pero hasta hoy no he sido capaz de sentarme ante la página en blanco y abordarla.

Me he preguntado a mí misma por qué he tardado tanto. Podría refugiarme en argumentos de peso, pero yo sé que ninguno explica en el fondo tanta demora.  El retraso se cuece en otro sitio. Y como quiero ser honesta, voy a intentar explicármelo a mí misma y a quien me esté leyendo.

Cuando nos dejó mi padre, la novela que publicamos en La Voz Interior, es la historia de un cataclismo personal, el de Gloria, la protagonista de la novela, que ve cómo el mundo —y su familia— dejan de ser el lugar seguro que había conocido hasta entonces para volverse un lugar inhóspito.  Al principio, Gloria se rebela, no pude creer lo que está sucediendo ante ella. Incluso llega un momento en que se dice que no podrá soportarlo, que la vida le exige más de lo que es capaz de dar.  Pero poco a poco encuentra dentro de sí la fuerza necesaria para no engañarse, para mirar y descubrir en su entorno lo que la vida, aún en medio del dolor, le ofrece.  En ese proceso madura, como persona y como mujer.

Algo parecido a lo que me sucedió a mí cuando comencé a gestar la novela. Mi vida dio un vuelco a nivel laboral, personal y familiar de 2017 a 2019.  Me vi envuelta en un proceso de acoso laboral, otro penal —del que tardé dos años en que aflorase la verdad y me declarasen inocente— seguido por la muerte de dos personas muy queridas.

No fui consciente de este paralelismo hasta que no la acabé.  Entonces comprendí que la búsqueda de un nuevo centro de gravedad que emprendía Gloria en setiembre de 1939 corrió paralela a la mía. Sin embargo, yo estaba tan absorta en contar sus vicisitudes —las mentiras que descubre, la deslealtad de la que creía su mejor amiga, el ansia de poder de los que la rodean, la hipocresía de tantos, la muerte de alguien muy querido— que no sospeché en ningún momento que mi inconsciente había decidido curar mis heridas a través de ella.  Si yo no era emocionalmente capaz de escribir sobre mis heridas, airearlas, sacarlas a la luz, lo haría desde Gloria.

Su historia me absorbió por completo durante más de cuatro años. Mi parte racional y estructurada se alió con la creativa e intuitiva.  Durante una buena parte de ese tiempo me dediqué a documentarme, a sumergirme en el entorno de Gloria, la posguerra, Madrid, Aspe. Incluso visité este precioso pueblo de Alicante para situarme mejor.  Leí infinidad de documentos, tesis doctorales, trozos de novelas, vi documentales, en fin, razonaba conmigo misma que tenía que comprender su mundo y mostrarla con la mayor verosimilitud posible.

También siguiendo un impulso irrefrenable, decidí abordar la narración en presente inmediato. No me planteé en ningún momento otra forma de narrar. Le cedí a Gloria el protagonismo absoluto para que contara su vida en primera persona.  Ansiaba esa inmediatez: que sufriera, se desesperase, amara, temiera o maquinara en tiempo real. El pasado asomaría solo de vez en cuando, y el futuro apenas debía intuirse.  Exactamente como me ocurría a mí en esa vida que corría paralela a la de la novela, porque me aferré al presente como una especie de tabla de salvación.

No os oculto que el dolor, la rabia, el estupor, fueron dejando su impronta en mí, hasta que, como Gloria, logré encajar y aceptar mi nuevo centro de gravedad. Solo entonces fui capaz de descubrir las manos que se habían tendido hacía mí. Tengo mucho que agradecer, también como ella.

Os confieso que escribí muchísimo más de lo que abarca la novela. Si esto fuera una serie diría que imaginé un par de temporadas.  Pero cuando escribes desde ese lugar que no sé definir, pero que guía tus dedos por el teclado, entonces no tienes más remedio que hacerte a un lado y dejar que la historia camine a su dictado.  La novela acabó cuando debía terminar, no cuando yo tenía previsto en mis decenas de escaletas. Y, al poner el FIN, respiré tranquila, dentro de mí todo encajaba, todo se había alineado.

Gloria me ayudó, sin saberlo ella ni yo, a curar mis heridas. Me ayudó a mirar el futuro cuando hasta eso, imaginar el futuro, me paralizaba. A comprender que, a veces, necesitamos atravesar la oscuridad para descubrir la luz.

Un comentario

  1. Qué post tan precioso y honesto, Sole, cómo la novela. Detrás de Gloria yo rastreo tu fuerza, tu coraje para afrontar la vida…
    Me ha encantado, la novela. Me enganchó desde la página 1. Es de esas buenas, buenísimas, obras en las que una negocia con el reloj por la noche para leer un capítulo más, aunque al día siguiente vaya a sonar el despertador…
    Los personajes tienen muchísima fuerza…van apareciendo, perfectamente caracterizados (yo imagino muy bien las caras, los gestos, las expresiones), como las piezas de un puzzle y van encontrando progresivamente su posición en la trama…todo va desvelándose, o revelándose, en su momento justo, ni antes, ni después…
    Me encanta Gloria, su evolución a lo largo de la novela…el tránsito desde lo que en las primeras páginas se muestra como una rebeldía un tanto «adolescente» hasta la mujer fuerte y madura, q consigue atravesar el miedo y desplegar una gran lucidez en medio del caos…Del caos y corrupción de la época, porque ese es otro tema. La reconstrucción del ambiente, opresivo y cínico de la época, angustioso en su doble moral y casi claustrofóbico es genial…
    Bueno Sole. Enhorabuena de verdad. Para mí es una novela de las buenas, de esas q merecen ser leídas
    Un abrazo!

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