El “capricho” de llevar la vida que quieres

AUTORA: Beatriz Raso
pexels-shovan-datta-3275479-38706807

Hace unos días una amiga me decía llorando que sentía que en su entorno se tomaban su cambio de vida como un “capricho”. Ella había decidido dejar su vida de funcionaria para emprender un proyecto propio. Había decidido dejar atrás la seguridad económica por seguir lo que le pedía el cuerpo, por hacer algo verdaderamente alineado con quien ella es. Y eso, lamentablemente, se ve como algo arriesgado y ruinoso. Y más cuando tienes 55 años.

Lo mejor es seguir haciendo la misma mierda, da igual que no te guste, da igual que te aburra o te suma en una profunda sensación de vacío, da igual que sientas que estás tirando cada día de tu vida, rodeada de personas que no te aportan, haciendo cosas que ni siquiera entiendes para qué. Todo eso da igual.

Vivimos en una sociedad donde parece que lo importante es simplemente aferrarse a ese algo que nos da la falsa sensación de control. Y parece que el leitmotiv vital de muchos fuera simplemente el de “aguantar”. Aguanto en este curro, aunque me pagan mal y no me gusta. Aguanto con esta pareja, aunque no nos aguantamos. Aguanto en esta ciudad, cada vez más inhabitable, porque es donde todos quieren estar.

Pero de tanto aguantar nos estamos reventando las espaldas, estamos cargándonos la poca energía que nos queda, estamos sumiéndonos en una profunda tristeza, pero lo más curioso de todo es que estamos tan desconectados que a veces ni siquiera nos damos cuenta de cómo estamos.

Seguimos cargando vidas tristes, haciendo como si no pasara nada hasta que llega un día en que no podemos más de sostener todo eso que nos han dicho que es “lo bueno” y resulta que nos hace profundamente infelices. Y entonces nos llega una crisis vital que nos machaca, que nos hace sentir tan vulnerables que casi ni podemos respirar. Solo quieres huir de tu propia vida y lo más triste es que ni siquiera sabes hacia dónde.

El sistema tiene una capacidad tan bestia de apagar eso que deseas de forma genuina que llega un momento que ni siquiera sabes lo que quieres. Total, llevas tanto tiempo funcionando en automático que lo raro sería que ahora sepas por donde dirigir tus pasos. Y cuando alguna oveja descarriada se sale del camino y decide hacer de su propia vida su propio itinerario, están todas esas ovejas que se quedan mirando. Pero ojo, que no es una mirada de admiración, es una mirada cargada de envidia y decepción. Ya no eres una de ellas, ya no sigues cargando, te despegas de la mugre del día a día gris y eso no está bien visto.

Sin embargo, siempre hay algún pequeño cordero que anda mirando, que se fija en esa oveja valiente que ha decidido separarse del rebaño. Y quizá esa pequeña mirada inocente es lo que hace que todo cobre sentido. Y que todo ese camino de valentía, pero también de inmensa dificultad que ha atravesado la oveja negra, tenga un sentido más allá de su propia vida, el de inspirar a otros muchos que están igual a hacer su propio camino, a salir y entrar las veces que le dé la gana, y lo más importante: no estar esperando la aprobación del “sistema pastor” que no nos deja ni avanzar cuatro pasos sin soltarnos un grito.

Ojalá más caprichos de ese tipo, ojalá más vidas construidas desde ese lugar que nos reconecta por fin con quien somos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas entradas

Mis proyectos

Aún no tengo proyectos en marcha