Empezar soñando

efes-woman-3593951

¡Estoy tan ilusionada con el proyecto de La Voz Interior! Y no porque crea que va a ser un boom, no, eso me importa poco. Y que me importe poco me parece una buenísima señal. Estoy ilusionada porque lo siento coherente conmigo y porque esa misma sensación la veo en mis compañeras.

La Voz Interior puede que estuviera gestándose cuando Isa y yo nos inscribimos al curso de sueños de Virginia Gawell. Lo primero que recomendó fue escribir al despertar, cuando estás saliendo del sopor en el que te encuentras entre ese mundo al que vas en sueños y ese otro al que vuelves desde allí. Iba a decir el mundo real, pero durante ese curso me permití un cese temporal de mis creencias racionales, y me dejé soñar despierta.

Empecé a ser consciente del momento en el que estás tumbada y adormecida con los ojos cerrados, tomando la decisión de volver o quedarte en el sueño. No sé si es una elección real. ¿Imaginas que estuviéramos decidiendo volver de allí cada día? Pero sé que hay momentos de consciencia donde parece que estás en tierra de nadie, en tu propia tierra, como una flor en el suelo que la sujeta. Al menos, así me siento yo cuando me encuentro en ese instante calentito y tibio, en el que me planteo si vuelvo a un mundo que siento a veces tan complejo, ajeno y confuso.

Empecé a sentir cosas así, de las que no me había dado cuenta antes, pero es que Isa se soltó a volar haciendo lo que quería con el hilo que nos ata a la realidad. Recordaba sus sueños y sabía interpretarlos con muchísimo sentido, y también era capaz de dar sentido a los sueños de las demás, como si se hubiera despertado una sabiduría dormida.

Os tengo que hablar de las chicas. Llegué a los cursos de escritura de Isa hace más de veinte años. Y entonces desconocía casi todo sobre mí y sobre lo que me rodeaba. Y me puse a escribir como si la escritura fuera mi droga.

Isa es una buscadora incansable de sentido. Creo que todas lo somos, pero descansamos o nos distraemos. Ella no. Así que las que valoramos esa virtud, nos quedamos cerquita suyo, como satélites atraídos por su universo. Seguimos nuestro propio giro alrededor de ella. Los cursos son un espacio de exploración de nuestro universo para avanzar en nuestros proyectos a través de la escritura.

Tal vez soy la más racional del grupo, la que menos cree en lo mágico. Y sin embargo, reconozco que hay cosas sorprendentes, el día que Isa dijo que le había llegado en sueños «La Voz Interior» me dio un pellizquito de ilusión y me sonó a algo rico que tenía que vivir.

Estuvimos juntas cerrando un curso en casa de Cris en junio de 2024 y hablamos de nuestros proyectos de escritura terminados y de lo complicado de acertar a hacer algo que nos convenciera con ellos. Sole acababa de decir que no a la editorial que le iba a publicar. ¿Y si hacíamos algo juntas? Pero quedó ahí, diluido como desaparecen los sueños al día siguiente.

Aunque lo que estaba claro es que nuestros proyectos estaban ahí, dando golpecitos para llamar la atención y que les permitiéramos encontrar una salida. Sole buscaba publicar su manuscrito Cuando nos dejó mi padre, yo el mío, al que llamé Mamíferos provisionalmente, porque siempre pienso que puedo encontrar algo mejor, hasta que lo usó antes otra escritora y ya me parecía el mejor del mundo. Lo cambié a Mamíferas y me sonó mejor. Sole y yo, habíamos contactado con varias editoriales y sus condiciones no nos hacían sentir a gusto. A veces había que poner dinero y comprometerse a fechas para los siguientes libros si vendías bien el primero. A otras solo se podía llegar con un agente literario. La autopublicación era otra opción con una alfombra roja extendida demasiado rápido y fácil. Todo quedaba en tu mano, con sus pros y contras, y lo mío no es vender ni el marketing. Isa tenía escrito Algo diminuto que no puedes ignorar, recogiendo una época de su vida en la que tuvo que afrontar, entre otras muchas cosas, un cáncer de mama, y Cris tenía en un cajón un guión precioso, Unagui.

El proyecto más bonito de todos era el de Bea, que acababa de tener una hija, Luna. La apertura a la creatividad y a estar en la tierra que da tener una hija, le hizo aportar algo muy bello a este proyecto. No tanto porque Luna estuviera asombrada en algunas reuniones al otro lado de la pantalla, como por la muestra de la magia de crear que tenemos las humanas.

En la primera reunión, Isa leyó el Manifiesto de La Voz Interior: «experimento editorial comunitario», lo subtituló. Hablaba de deshumanización, rentabilidad, fama, porcentajes, cadena de montajes, intermediarios, saturación, marketing… Y el foco no estuvo en esas palabras, sino en que hablamos, escuchamos, sentimos, nos permitimos ser honestas con las dudas y los miedos. Y la voz interior que sentíamos todas era la misma y a la que había que dejar expresarse de verdad. Y nos lanzamos. Pensé que tal vez éramos unas soñadoras… Pues sí, claro, los somos, ¿de qué me sorprendía? ¡Si todo empezó en un sueño!

Soñar es el primer paso para caminar desde el deseo, el camino para crear y humanizarse. Soñar es ilusionarse, imaginar, atreverse, probar, lanzarse, querer… Y es coherente con nosotras.

Te invitamos a soñar con nosotras porque en los sueños, muchísimas cosas se hacen posibles, y es el primer paso para traer lo que queremos a la realidad.

Soñemos…

3 respuestas

  1. Soñemos que todos o muchos de nuestros deseos se hagan realidad mediante la voluntad, el ánimo, la fuerza, la perseverancia y la constancia.

    Muchas gracias Mer.
    Precioso relato.
    Besos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimas entradas

Mis proyectos